El petróleo y la petroquímica en la Argentina (1914-1983) Emergencia, expansión y declinación del nacionalismo petrolero
Series: Tesis y tesinas de historia económicaPublication details: Buenos Aires Ediciones Cooperativas 2006Description: 191 pSubject(s): DDC classification:- 330.982 S227 0014745
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| Biblioteca Alejandro Angel Bulgheroni | 330.982 S227 0014745 (Browse shelf(Opens below)) | Not for loan | 200040333 |
Durante el siglo XX el petróleo estuvo llamado a adquirir una posición dominante en el mercado de la economía mundial, debido a sus innegables cualidades competitivas: transporte y almacenamiento fácil y gran adaptabilidad tanto para usos móviles como estacionarios. Pudo competir desde principios de siglo con el carbon, respecto al cual mostró no sólo las ventajas ya mencionadas, también una mayor capacidad calórica y limpieza, con lo cual se volvió más simple su laboreo. A fines del siglo XIX las naciones más industrializadas, más allá del uso intensivo que le dieron al carbon mineral, ya habían percibido esos atributos, y el estallido y desarrollo de la Primera Guerra Mundial confirmó a las naciones beligerantes acerca de la conveniencia de su empleo. La experiencia demostró que las transiciones de energía, es decir los traspasos hacia nuevos combustibles, llevan décadas. Se tienen que desarrollar nuevas tecnologías que además deben ser competitivas. Lleva muchos años cambiar las calderas o las plantas generadoras de energía eléctrica. Sin embargo, la aparición del automóvil hizo del petróleo el combustible dominante por sobre los combustibles sólidos. Eso también ocurrió en la economía argentina. A partir de la reforma constitucional impulsada por el peronismo, se nacionalizaron los yacimientos y se otorgó a la empresa estatal el monopolio de su explotación. Sin embargo, sin suficiente capacidad técnica y financiera, inmersa en el contexto de la inmediata posguerra, en la cual el acceso al equipamiento resultó dificultoso, la economía se volvió tan dependiente de las importaciones de petróleo, como veinte años atrás. Hacia 1983, desde la Argentina no se importaba más petróleo, y la polémica en torno a las ventajas y desventajas de permitir la presencia del sector privado en la actividad petrolera, se había acallado. En lugar de ella, la opinión pública pareció dispuesta a creer que , si contrariamente a lo que ocurría en otras partes del planeta con las empresas estatales productoras de petróleo, todas generadoras de divisas, y las propias sólo eran capaces de endeudarse no quedaba otra alternativa que su privatización.



